
Tu perro abre la boca. Dientes blancos, encías aceptables, nada salta a la vista. “¡Está perfecto!”, piensas. Pero el veterinario, con una ceja levantada, sugiere una radiografía. ¿Exceso de celo? Para nada. Hay cosas que la vista no ve… y el sarro oculta muy bien.
Las radiografías dentales permiten ver lo que se esconde bajo la línea de la encía: raíces rotas, abscesos silenciosos, pérdida de hueso… y otras pequeñas sorpresas que no se detectan sin ayuda del RX.
Los dientes tienen más raíz que copa. Y muchas veces, el problema está en la parte que nadie ve… excepto con rayos X.
No tengas miedo de pedir una radiografía dental si tu veterinario la sugiere o si tienes dudas. Son procedimientos seguros, rápidos y extremadamente útiles para detectar problemas ocultos bajo la línea de las encías. Literalmente, pueden salvar sonrisas.
Estas radiografías se realizan bajo una sedación ligera, lo que garantiza que el animal esté tranquilo, sin moverse ni estresarse durante el procedimiento.
Contar con una imagen clara y detallada hoy puede marcar la diferencia: puede evitar una extracción innecesaria mañana o permitir un tratamiento precoz que mejore su calidad de vida.
Lo que no ves… también cuenta
Un día en consulta, mientras mostrábamos a unos tutores la radiografía dental de su perro tras una limpieza, uno de ellos exclamó:
— ¡Pero si ese diente es más largo por dentro que por fuera!
Y tenía toda la razón.
A veces olvidamos que los dientes no terminan en lo que vemos al sonreír. De hecho, tanto en perros como en gatos, la raíz puede ser incluso más larga que la corona visible. Y aquí es donde la comparación se vuelve fascinante.
Los perros tienen una fórmula dental de 42 dientes, con raíces robustas y variadas: por ejemplo, su colmillo (canino) puede tener una raíz que se extiende varios centímetros hacia la mandíbula. Sus premolares y molares, especialmente los carniceros, suelen tener raíces múltiples, lo que complica bastante las extracciones cuando hay enfermedad avanzada.
Los gatos, por su parte, tienen solo 30 dientes, pero lo compensan con una arquitectura más “afilada” y especializada para la caza. ¿El problema? Sus raíces también son largas y delicadas, especialmente en los colmillos, y se fracturan fácilmente si no se manejan con precisión. Además, tienen un fenómeno muy común (y traicionero): las lesiones de reabsorción dental, que “desaparecen” parte del diente desde la raíz hacia arriba.
Moraleja clínica: lo que se ve no siempre es todo. Para el veterinario, una boca aparentemente “limpia” puede ocultar raíces fracturadas, abscesos o pérdida ósea. Por eso insistimos tanto en las radiografías dentales como herramienta diagnóstica.
Como nos gusta decir en Eurovet:
Una sonrisa bonita puede esconder un drama… y solo la radiografía lo cuenta todo.