
Si tu perro o gato ya no salta como antes o se cansa más rápido, no estás solo. Con la edad, su metabolismo disminuye y su cuerpo ya no procesa la energía ni los nutrientes como cuando era joven. Pero el verdadero reto no es simplemente reducir la cantidad de comida, sino mejorar su calidad. Las proteínas de alta biodisponibilidad y el control calórico son claves para evitar sarcopenia, obesidad o incluso deficiencias nutricionales.
La obesidad es uno de los enemigos silenciosos más frecuentes en geriatría veterinaria. Pero ojo: restringir la dieta sin control puede ser igual de perjudicial. No se trata solo de adelgazar, sino de preservar la masa magra y evitar la desnutrición energética-proteica. Una dieta bien ajustada debe contemplar factores como el nivel de actividad, comorbilidades presentes y cambios en la composición corporal.
El objetivo es mantener una condición corporal ideal (BCS entre 4 y 5 sobre 9), con suficiente energía para las funciones vitales, pero sin calorías vacías ni excesos lipídicos.
Una idea errónea muy común es reducir las proteínas con la edad “para no forzar el riñón”. De hecho, ya ya no hay tanta evidencia que las proteinas puedan dañar los riñones. Si no hay una patología renal diagnosticada, eso puede acelerar la pérdida muscular. Los perros y gatos senior necesitan proteínas de alta calidad y biodisponibilidad, como las del pollo, el huevo o el pescado, para mantener su integridad muscular y su respuesta inmunitaria.
La leucina, un aminoácido esencial, es clave en la activación de la síntesis de proteínas musculares. Las dietas enriquecidas con leucina ayudan a contrarrestar la sarcopenia.
En geriatría, el músculo es sinónimo de funcionalidad. Alimentarlo bien es parte del tratamiento preventivo frente al envejecimiento acelerado. Y si ronronea o ladra de alegría… vas bien.
Hace apenas 30 años, hablar de nutrición geriátrica en veterinaria sonaba a ciencia ficción. Los piensos eran generalistas y el envejecimiento, algo inevitable. Hoy sabemos que una dieta diseñada con precisión puede prolongar la vitalidad, prevenir enfermedades y mantener la funcionalidad durante más años. Comer bien, en esta etapa, es un verdadero acto de medicina preventiva.
No todo alimento etiquetado como “senior” es automáticamente el más indicado. Muchos de ellos bajan las calorías… pero también la densidad proteica y el contenido funcional. Menos energía, menos proteínas, menos vida. Por eso, es esencial consultar con el veterinario para seleccionar una fórmula adaptada al perfil metabólico y clínico de cada animal, e incluso valorar la inclusión de suplementos funcionales si la dieta por sí sola no cubre todos los requerimientos.
Los gatos mayores suelen tener una capacidad digestiva reducida para las grasas, por lo que una dieta con lípidos de alta digestibilidad (como aceite de pescado purificado) puede ser mejor tolerada.
Tu compañero de siestas puede estar cumpliendo años, pero eso no significa que deba alimentarse solo con pienso light. Una revisión geriátrica completa permitirá valorar si ese tipo de dieta le conviene o si necesita un enfoque más personalizado que incluya proteínas de calidad y soporte funcional.
El chequeo geriátrico va mucho más allá del estetoscopio. Una evaluación nutricional detallada puede revelar pérdida de masa muscular, cambios en la absorción intestinal o alteraciones en el metabolismo proteico que no son evidentes a simple vista.
En estas consultas personalizadas, el veterinario puede ajustar la dieta, recomendar pruebas diagnósticas complementarias y diseñar un plan nutricional que prolongue la vitalidad y calidad de vida del animal.
Muchos perros y gatos mayores presentan enfermedades crónicas: artrosis, insuficiencia renal, hipertiroidismo, EII (enfermedad inflamatoria intestinal) o incluso neoplasias. En estos casos, la dieta debe ajustarse de forma individualizada. La personalización dietética es clave en esta etapa de la vida.
En gatos mayores, el sentido del olfato disminuye, lo que puede reducir su apetito. Por eso, las dietas húmedas templadas (alrededor de 38 °C) pueden mejorar notablemente la ingesta voluntaria.