
Tu perro salta feliz al coche… hasta que pasan 10 minutos y empieza el festival de babas, jadeo y miradas de socorro. Si tu compañero peludo se convierte en un estómago sensible sobre ruedas, probablemente sufre cinetosis. En esta entrada te explico qué es, por qué ocurre y cómo puedes ayudarle a disfrutar del viaje sin sobresaltos.
La cinetosis (o mareo por movimiento) es una respuesta del sistema vestibular ante el desajuste entre lo que el cuerpo siente y lo que los ojos ven. En animales, como en humanos, esto genera náuseas, vómitos, salivación excesiva y malestar general. Es más común en cachorros y animales poco habituados al coche.
Los cánidos tienen un sistema de equilibrio muy sensible. Si el viaje implica muchas curvas, aceleraciones bruscas o falta de visión exterior, los efectos se amplifican. Además, el estrés y la ansiedad anticipatoria pueden empeorar el cuadro. Un perro nervioso antes de subir al coche tiene más papeletas para marearse.
Los gatos no se marean tanto… pero lo odian más. Aunque la cinetosis es menos frecuente en gatos que en perros, el simple estrés del transporte puede desencadenar vómitos, diarreas, jadeos o vocalizaciones. ¡Para ellos, el coche es una máquina del terror!
Presta atención si notas que tu compañero presenta alguno de estos síntomas:
Tu mascota comienza a salivar de forma excesiva o jadea de manera anormal.
Se muestra inquieta, gime sin razón aparente o fija la mirada con expresión de angustia.
Tiene temblores, bosteza de forma repetitiva o adopta posturas encogidas como señal de incomodidad.
Llega incluso a vomitar o hace intentos de hacerlo sin éxito.
Reconocer estos signos a tiempo te permite actuar antes de que el viaje se convierta en una verdadera tortura para él.
Muchos perros no vomitan, pero igual están mareados. El babeo y la postura encorvada son pistas claras de que el viaje les resulta desagradable, aunque no haya “sorpresas” en la tapicería.
En Eurovet vemos cada verano animales con aversión a los viajes que podrían disfrutar de las vacaciones con pequeñas adaptaciones. La clave está en identificar la causa del mareo y abordarla de forma gradual.