Y no, no es que se haya vuelto “tiquismiquis”
Tu perro no se ha apuntado a una dieta gourmet, ni tu gato ha decidido que el pienso ya no está a su altura. Si de repente tu peludo rechaza la comida, babea como fuente y su aliento podría derretir acero, algo no está bien. Su boca está pidiendo socorro… con todas las señales posibles.
Señales que gritan (aunque no ladren)
- Mal aliento nivel dragón. Si al abrir la boca te giras instintivamente… no es normal.
- Encías que parecen en huelga. Enrojecidas, inflamadas o con sangrado.
- Baba sin fin. No hablamos de salivación por jamón, sino de un exceso constante.
- Pienso rechazado como si llevara espinacas. Lo blando lo aceptan, lo duro duele.
- Dientes que “emigran”. Si ves uno en el cuenco… mala señal.
- Cambios de humor. De amoroso a ogro sin motivo: el dolor oral hace de las suyas.
Aplicación práctica
- Revisa sus dientes al menos una vez al mes en casa.
- Observa cambios en la forma de comer o en el aliento.
- Ante la duda, una revisión con tu veterinario puede evitar complicaciones mayores.
Eurovet te aconseja!
A partir de los tres años, tu perro debe tener revisiones dentales anuales. No esperes a ver sarro acumulado o encías inflamadas: el mal aliento por sí solo ya es motivo de consulta.
Aplicación práctica:
- Acostumbra a tu perro al cepillado desde cachorro, de forma progresiva y positiva.
- Usa cepillos y pastas dentales específicos para perros.
- Ofrece snacks y piensos de acción mecánica certificados.
- Haz una revisión oral veterinaria al menos una vez al año (desde los tres años de edad).
- Ante signos como mal aliento, sangrado, babeo o apatía: ¡consulta sin demora!