
Las garrapatas son artrópodos hematófagos de la clase de los arácnidos, cuyo ciclo vital —larva, ninfa y adulto— está estrictamente ligado a la necesidad de realizar una comida sanguínea en cada estadio. Esta dependencia explica su papel como vectores biológicos, capaces de adquirir patógenos durante una alimentación y transmitirlos posteriormente a otro hospedador.
Desde el punto de vista ecológico, muchas especies europeas, como Ixodes ricinus, presentan actividad incluso con temperaturas relativamente bajas. Estudios de campo han demostrado que la actividad de búsqueda del hospedador puede mantenerse por encima de 5–7 °C, lo que justifica que, en climas templados, el riesgo se extienda durante gran parte del año y no solo en verano. En la práctica cotidiana, esto significa que limitar la prevención a unos pocos meses deja ventanas de riesgo reales.
En este contexto, conviene recordar que no todas las infecciones transmitidas por garrapatas requieren necesariamente una picadura clásica. En perros, se ha demostrado que Hepatozoon canis puede transmitirse cuando el animal ingiere una garrapata infectada, por ejemplo al morderla o durante el acicalamiento, lo que ayuda a explicar infecciones en animales cuyos tutores no recuerdan haber visto parásitos adheridos.
Muchas infestaciones domésticas empiezan cuando una garrapata entra “de polizón” en el hogar tras un viaje, una excursión o una estancia en residencia canina. Esto apoya medidas sencillas pero muy efectivas: revisar al animal al llegar a casa, lavar textiles de viaje y no confiarse porque “aquí nunca ha habido”. Por ello, tras paseos por zonas de hierba alta, márgenes de caminos o áreas boscosas, resulta especialmente eficaz realizar una revisión táctil sistemática del animal, insistiendo en orejas, cuello, axilas, ingles y espacios interdigitales, zonas donde las garrapatas se fijan con mayor frecuencia.
Cuando se revisa a ojo se pierde la mitad. En cambio, si siempre se sigue el mismo orden (orejas → cuello → axilas → ingles → entre dedos → base de la cola) y se palpa a contrapelo, la detección mejora muchísimo, especialmente en perros de pelo largo y en gatos que se acicalan y “borran pistas”. Es un consejo práctico que se integra como una consecuencia lógica de la biología del parásito.
El principal problema sanitario no es la picadura mecánica, sino la transmisión de patógenos. En un estudio europeo sobre garrapatas Ixodes ricinus recolectadas en el medio natural, 358 de 1078 garrapatas (33,2%) portaban al menos un agente patógeno, y un 5,9% estaban coinfectadas con dos o más microorganismos. Este dato resulta especialmente relevante desde el punto de vista clínico, ya que las coinfecciones pueden dar lugar a cuadros más complejos, con signos menos específicos y respuestas al tratamiento más variables.
En perros y gatos, muchas de estas infecciones comienzan de forma subclínica y se manifiestan semanas o meses después con fiebre intermitente, anemia, cojeras, apatía o alteraciones renales. Esta evolución diferida explica por qué basar la protección en la aparición de síntomas es ineficaz: cuando los signos aparecen, la infección ya está establecida.
La prevención actual se apoya en antiparasitarios con principios activos altamente específicos, diseñados para interferir funciones vitales del parásito. Sin embargo, su eficacia real depende tanto del producto como de su correcta integración en la rutina diaria del animal.
Los antiparasitarios orales actúan de forma sistémica, distribuyéndose por la circulación sanguínea tras su absorción digestiva. Cuando la garrapata se fija y comienza a alimentarse, entra en contacto con el principio activo y muere en un plazo relativamente corto. Este detalle es clínicamente relevante, ya que la probabilidad de transmisión de patógenos aumenta con la duración de la fijación.
En estudios experimentales se ha demostrado que determinadas moléculas pueden prevenir la transmisión de Babesia canis durante periodos prolongados. En un estudio publicado en Parasites & Vectors, se observó prevención de la transmisión durante hasta 84 días tras la administración del producto.
En la práctica clínica, asociar la administración del comprimido a un hábito fijo —por ejemplo, una fecha concreta del mes— reduce significativamente los olvidos, que siguen siendo una de las principales causas de fallo preventivo.
Las pipetas tópicas (spot-on) se distribuyen a través del film lipídico cutáneo, la capa grasa natural de la piel. Este mecanismo explica por qué baños frecuentes o el uso de champús deslipidantes pueden reducir su eficacia. Aplicar la pipeta directamente sobre la piel y espaciar los baños varios días antes y después de la aplicación mejora de forma notable la protección real, un detalle sencillo pero clínicamente relevante.
Los collares antiparasitarios de última generación liberan el principio activo de forma lenta y constante, manteniendo concentraciones eficaces durante seis a ocho meses. Su principal ventaja es la continuidad, ya que reducen el riesgo de olvidos. Para que esta protección sea efectiva, el collar debe mantenerse en contacto con la piel; revisarlo periódicamente y ajustarlo si el animal crece o pierde peso evita pérdidas silenciosas de eficacia.
En este punto, resulta importante recordar que no todas las garrapatas dependen exclusivamente del exterior. Algunas especies, como Rhipicephalus sanguineus, pueden completar gran parte de su ciclo vital en interiores, lo que explica infestaciones persistentes en viviendas, perreras o instalaciones caninas, y refuerza la necesidad de combinar la protección del animal con medidas de control ambiental cuando el problema se repite.
Además de estas herramientas principales, existen medidas complementarias como sprays, polvos o champús antiparasitarios. Su acción suele ser corta y localizada, por lo que no deben considerarse una prevención estructural, pero pueden aportar un beneficio puntual tras exposiciones excepcionales o como apoyo inicial en infestaciones leves.
Las vacunas no actúan sobre la garrapata, sino sobre el agente infeccioso, por lo que su uso es siempre complementario a los antiparasitarios.
En el caso de la piroplasmosis o babesiosis, la vacunación frente a Babesia canis no impide la infección, pero sí reduce de forma significativa la gravedad de la enfermedad. El objetivo vacunal es modular la respuesta clínica, disminuir la parasitemia y reducir el riesgo de anemia severa y complicaciones sistémicas.
En trabajos clásicos de vacunación frente a Babesia canis se describe que la vacunación limita parámetros clínicos clave, especialmente la anemia/hematocrito, lo que encaja con el objetivo realista de estas vacunas. Además, en la documentación regulatoria se especifica que el objetivo es reducir la severidad de los signos clínicos y la anemia medida por PCV, con un inicio de inmunidad de aproximadamente 3 semanas y una duración estimada de 6 meses.
La vacuna de babesiosis no “bloquea” la infección, pero sí modula la anemia. En un trabajo clásico de vacunación frente a Babesia canis se describió que la vacunación limitó la caída del hematocrito/PCV y otros parámetros clínicos, lo cual encaja con el objetivo realista de estas vacunas: no prometer “cero infección”, sino menos gravedad clínica y mejor evolución.
Fuente: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/9477490/
Vacuna frente a la borreliosis o enfermedad de Lyme
La vacunación frente a la borreliosis o enfermedad de Lyme tiene como objetivo limitar la diseminación de Borrelia burgdorferi tras la infección. Estudios realizados en zonas endémicas han mostrado que la infección se detectó en 25% de perros vacunados frente a 63% de no vacunados, con una fracción prevenible del 60,3%. Otros trabajos clásicos han descrito eficacias preventivas cercanas al 78% en determinadas condiciones, y un metaanálisis encontró reducción de la probabilidad de signos clínicos con odds ratios entre 0,15 y 0,23 para varios signos.
El protocolo habitual consiste en dos dosis iniciales, seguidas de revacunación anual, preferiblemente antes de la primavera, cuando aumenta la actividad de las garrapatas. La indicación debe individualizarse en función del riesgo real de exposición y del estilo de vida del animal.
La prevención eficaz frente a las garrapatas se basa en una estrategia combinada: conocimiento de su biología, uso adecuado de antiparasitarios modernos y, cuando el contexto lo justifica, vacunación frente a determinadas enfermedades. Este enfoque permite reducir de forma significativa la incidencia de infecciones, la gravedad de los cuadros clínicos y el impacto sanitario a largo plazo 🐾.
Referencias y lecturas recomendadas
Probst, J., Krücken, J., Schaper, R., et al. (2023) – Winter activity of questing ticks in Germany. – One Health – Estudio de campo que demuestra actividad de garrapatas a temperaturas bajas (≈5–7 °C), apoyando la necesidad de prevención durante todo el año en climas templados – https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1877959X23001061
Oechslin, C. P., Heutschi, D., Lenz, N., et al. (2017) – Prevalence of tick-borne pathogens in questing Ixodes ricinus ticks collected in Switzerland. – Parasites & Vectors – Estudio epidemiológico que cuantifica que el 33,2 % de las garrapatas portan al menos un patógeno y documenta coinfecciones múltiples – https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC5680829/
Baneth, G., Samish, M., Alekseev, E., Aroch, I., Shkap, V. (2001) – Transmission of Hepatozoon canis to dogs by oral ingestion of ticks. – Journal of Parasitology – Trabajo experimental que demuestra la transmisión de Hepatozoon canis por ingestión de garrapatas y no exclusivamente por picadura – https://journal-of-parasitology.kglmeridian.com/downloadpdf/view/journals/para/87/3/article-p606.xml
Chiummo, R., Farkas, R., Beugnet, F., et al. (2023) – Prevention of Babesia canis transmission by Dermacentor reticulatus ticks to dogs treated with fluralaner. – Parasites & Vectors – Estudio que demuestra la prevención de la transmisión de Babesia canis durante hasta 84 días tras tratamiento antiparasitario – https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10373369/
Schetters, T. P. M., Kleuskens, J. A. G. M., Scholtes, N. C., Gorenflot, A. (1998) – Vaccination of dogs against Babesia canis infection. – Veterinary Parasitology – Estudio que demuestra que la vacunación reduce la gravedad clínica y la anemia sin impedir completamente la infección – https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/9477490/
European Medicines Agency (EMA) – Committee for Medicinal Products for Veterinary Use (2007) – Nobivac Piro: EPAR Scientific Discussion. – European Medicines Agency – Documento regulatorio que detalla indicaciones, mecanismo de acción, inicio (≈3 semanas) y duración (≈6 meses) de la inmunidad vacunal frente a babesiosis – https://www.ema.europa.eu/en/documents/scientific-discussion/nobivac-piro-epar-scientific-discussion_en.pdf
Levy, S. A., Clark, K. K., Glickman, L. T. (2005) – Infection rates in dogs vaccinated and not vaccinated with an OspA Borrelia burgdorferi vaccine in a Lyme disease–endemic area of Connecticut. – International Journal of Applied Research in Veterinary Medicine – Estudio de campo que muestra una reducción del riesgo de infección (25 % vs 63 %) y una fracción prevenible del 60,3 % en perros vacunados – https://jarvm.com/articles/Vol3Iss1/LEVYIJARVMVol3No1web.pdf
Levy, S. A. (1993) – Performance of a Borrelia burgdorferi bacterin in dogs. – Journal of the American Veterinary Medical Association (JAVMA) – Trabajo clásico que describe una eficacia preventiva cercana al 78 % frente a la enfermedad de Lyme en condiciones experimentales – https://avmajournals.avma.org/view/journals/javma/202/11/javma.1993.202.11.1834.pdf
Vogt, N. A., Gerber, B., Goldstein, R. E., et al. (2018) – Efficacy of Borrelia burgdorferi vaccines in dogs: a systematic review and meta-analysis. – Journal of Veterinary Internal Medicine – Metaanálisis que demuestra una reducción significativa de la probabilidad de signos clínicos (OR ~0,15–0,23) en perros vacunados frente a no vacunados – https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6335541/