
Cuando una perra o una gata entra en celo, su comportamiento puede cambiar drásticamente, incluso si hasta entonces había sido tranquila, predecible o muy equilibrada. Esto desconcierta a muchos tutores, incluso a los más atentos y experimentados. De pronto, su mascota comienza a vocalizar con insistencia, orina con más frecuencia, se muestra inquieta, pegajosa o agresiva sin motivo aparente.
Estos comportamientos no deben interpretarse como un “mal carácter” o una fase de rebeldía: son expresiones naturales de un proceso fisiológico intenso, gobernado por hormonas reproductivas que afectan tanto al cuerpo como al estado emocional del animal. El ciclo estral, además de preparar al organismo para una posible gestación, también modifica la percepción del entorno, los niveles de energía y las conductas sociales.
Comprender esta dimensión del celo permite manejar la situación con más empatía, ajustar las rutinas domésticas y prevenir conflictos innecesarios. La clave está en anticiparse: cuanto más sepamos sobre lo que ocurre en esta etapa, mejor podremos cuidar de nuestras compañeras peludas y tomar decisiones responsables como la esterilización.
El celo forma parte del ciclo estral, que es el ciclo reproductivo de la perra y la gata. Ese ciclo no lo “decide” el útero: lo dirige el eje hipotálamo–hipófisis–ovario, que es una cadena de mando en la que el cerebro activa señales hormonales y el ovario responde fabricando hormonas sexuales.
Cuando hablamos de hormonas, conviene imaginar que no solo “preparan el aparato reproductor”. También actúan como mensajeros sobre el sistema nervioso y modifican la percepción del entorno, la motivación y la reactividad. Por eso, en celo pueden cambiar la paciencia, el sueño, la tolerancia al contacto y la tendencia a buscar estímulos sociales.
En la perra, el ciclo suele dividirse en fases bastante marcadas. Primero aparece el proestro, después el estro (la fase de receptividad), luego el diestro (fase lútea, con progesterona alta), y finalmente el anestro (periodo de reposo). En términos generales, muchas perras entran en celo aproximadamente dos veces al año, aunque hay variaciones notables según raza, tamaño y condiciones ambientales. Un detalle muy importante para entender lo que pasa después del celo es que, tras la ovulación, la progesterona puede mantenerse elevada durante semanas aunque no exista gestación. Esa “señal hormonal de embarazo” es parte del motivo por el que algunas perras desarrollan signos de pseudogestación más adelante.
En la gata la historia es distinta. La gata es poliéstrica estacional, lo que significa que, en épocas del año con más horas de luz, puede repetir ciclos con bastante frecuencia si no hay gestación. Además, la gata se describe clásicamente como ovuladora inducida, es decir, la ovulación suele activarse tras estímulos del apareamiento mediante una cascada neurohormonal. Dicho de forma sencilla: el celo en gatas puede repetirse y hacerse muy llamativo en casa, especialmente por la vocalización, porque el organismo está “intentando” cerrar el proceso reproductivo.
Aunque se describa como ovuladora inducida, hay evidencia de que puede existir ovulación espontánea en ciertas condiciones.
Fuente: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC11292940/
Durante el celo, el animal no se vuelve “malo” ni “caprichoso”. Lo que ocurre es que el cerebro recibe un baño hormonal que prioriza conductas de búsqueda, comunicación sexual y receptividad. Es exactamente lo contrario de un fallo: es un sistema biológico funcionando como fue diseñado, aunque sea incómodo en un piso con vecinos y horarios humanos.
En la perra, uno de los signos más típicos es el marcaje urinario o el aumento de micciones. No es “me lo hace a propósito”: es comunicación química, porque en la orina se liberan señales olfativas que atraen a machos y anuncian el estado reproductivo. También es frecuente ver más inquietud, paseos más “nerviosos”, mayor distractibilidad y una necesidad insistente de salir o explorar. Algunas perras, además, se vuelven más sensibles al contacto o a la manipulación, y esto puede traducirse en irritabilidad si se las invade cuando no les apetece. Otras, en cambio, buscan más atención y contacto. El apetito puede variar en ambos sentidos, porque el equilibrio entre estrés, actividad y hormonas no es idéntico en todos los individuos.
En la gata, el sello distintivo del celo doméstico suele ser la vocalización intensa, a menudo nocturna, acompañada de roces, rodadas por el suelo y una postura típica de receptividad (la famosa lordosis, con elevación del tren posterior y cola ladeada). Esa vocalización no implica dolor por defecto; es una conducta de llamada para atraer machos. Aun así, conviene recordar algo: no todo lo que se parece a celo lo es. Dolor, infecciones, problemas urinarios o estrés también pueden cambiar conducta y vocalización. Por eso, si el cuadro es extraño o se acompaña de signos sistémicos, vale la pena revisarlo.
Respecto a la agresividad, puede aparecer, pero suele tener explicaciones bastante “terrenales”. A veces es frustración, porque el animal quiere acceder a un estímulo (salir, buscar, interactuar) y no puede. A veces es hipersensibilidad, porque tolera peor el contacto o las restricciones. Y a veces es un problema distinto que coincide en el tiempo con el celo, lo que puede confundirnos si asumimos que “todo es hormonal”.
El primer error habitual es intentar “corregir” el celo como si fuera un desafío de conducta. Castigar, reñir o forzar solo añade estrés. Y cuando sube el estrés, lo que suele subir también es la reactividad y la desorganización conductual. En cambio, lo que sí ayuda es gestionar el entorno y canalizar la energía de forma inteligente.
Un enfoque sencillo es pensar en tres objetivos: reducir oportunidades de escape o monta, disminuir la excitación general, y ofrecer salidas seguras al impulso exploratorio. En casa, esto se consigue con rutina estable, control ambiental y enriquecimiento.
Protocolo práctico para esos días:
En perras, un fenómeno que merece capítulo propio aunque no siempre se explique bien a tutores es la pseudogestación. Tras el celo, algunas perras desarrollan conducta de nido, protección de juguetes u objetos, cambios mamarios e incluso lactación. No es “teatro”: tiene una base endocrina relacionada con la fase lútea y el equilibrio de progesterona y prolactina. A nivel práctico, la pseudogestación puede amplificar problemas de irritabilidad, ansiedad o conducta posesiva, y ahí el manejo debe ser fino: evitar estimular conductas maternales, controlar el lamido excesivo y, si es necesario, tratar bajo supervisión veterinaria.
En cuanto a la esterilización, lo más importante es decirlo con claridad y sin marketing. La esterilización elimina la fuente principal de hormonas ováricas y, por tanto, suele eliminar el celo y los picos conductuales asociados. Además, reduce riesgos médicos relevantes, como la piometra, que es una infección uterina potencialmente grave. También existen matices: el momento ideal depende del animal, su raza, su tamaño, su estilo de vida y los objetivos del tutor. La decisión no debería ser “automática”, sino informada.
Finalmente, sobre los tratamientos hormonales para “cortar” o espaciar el celo, existen opciones farmacológicas, pero no son caramelos. Los progestágenos, por ejemplo, se asocian a riesgos importantes en determinados casos. Por eso, si se contemplan, debe hacerse siempre con evaluación individual, explicación de riesgos y plan de seguimiento.
Tu veterinario te aconseja: cuidado con “cortar el celo” a base de hormonas
El acetato de megestrol y otros progestágenos se asocian a riesgos relevantes (p. ej., piometra, diabetes, cambios mamarios), por lo que no deberían usarse “a la ligera”.
“¿Cuánto dura el celo en la perra? Qué saber sobre el ciclo de celo” (How Long Are Dogs in Heat? What to Know About Heat Cycles). American Kennel Club (AKC). Sitio web AKC, s. f. Explica fases del celo, signos típicos y consejos prácticos para tutores. https://www.akc.org/expert-advice/health/how-long-dogs-in-heat/
“Ciclo estral en la perra” (Dog estrous cycles). Cornell University College of Veterinary Medicine (Riney Canine Health Center). Sitio web Cornell CVM, s. f. Resumen clínico del ciclo estral y sus fases con enfoque fisiológico. https://www.vet.cornell.edu/departments-centers-and-institutes/riney-canine-health-center/canine-health-information/dog-estrous-cycles
“Ciclos de celo en la gata” (Estrus Cycles in Cats). VCA Animal Hospitals. Sitio web VCA, s. f. Describe signos conductuales del celo felino y su patrón estacional. https://vcahospitals.com/know-your-pet/estrus-cycles-in-cats
“Riesgo por raza de piometra en perras aseguradas en Suecia” (Breed risk of pyometra in insured dogs in Sweden). Egenvall, A.; Hagman, R.; Bonnett, B. N.; Hedhammar, Å.; Olson, P.; Lagerstedt, A.-S. Journal of Veterinary Internal Medicine, 2001. Estudio epidemiológico grande que estima incidencia y riesgo por raza/edad. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/11817057/
“Esterilización y riesgo de tumores mamarios en perras: revisión sistemática” (The effect of neutering on the risk of mammary tumours in dogs— a systematic review). Beauvais, W.; Cardwell, J. M.; Brodbelt, D. C. Journal of Small Animal Practice, 2012. Revisa la evidencia y destaca limitaciones/sesgos en estudios clásicos. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/22647210/
“Revisión sistemática: ¿la esterilización prepuberal reduce el riesgo de tumores mamarios caninos?” (Systematic Review: Does Pre-Pubertal Spaying Reduce the Risk of Canine Mammary Tumours?). Guirguis, P.; Beggs, D. S. Animals (MDPI), 2025. Revisión moderna que sintetiza resultados y heterogeneidad de la evidencia reciente. https://www.mdpi.com/2076-2615/15/3/436
“Comparación de efectos a largo plazo: ovariectomía versus ovariohisterectomía en perras” (Comparison of long-term effects of ovariectomy versus ovariohysterectomy in bitches). Okkens, A. C.; Kooistra, H. S.; Nickel, R. F. Journal of Reproduction and Fertility Supplement, 1997. Discute resultados a largo plazo y el debate “quitar ovarios” vs “quitar ovarios y útero”. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/9404289/
“Manejo reproductivo de la hembra en pequeños animales” (Reproductive Management of the Female Small Animal). Merck Veterinary Manual (equipo editorial). Manual veterinario online, s. f. Capítulo clínico sobre fisiología y opciones de manejo/contracepción con riesgos y beneficios. https://www.merckvetmanual.com/reproductive-system/reproductive-diseases-of-the-female-small-animal/reproductive-management-of-the-female-small-animal
“Manipulación del ciclo estral en perras y gatas” (Manipulation of the Estrous Cycle in Bitches and Queens). MSD Veterinary Manual (equipo editorial). Manual veterinario online, s. f. Revisión práctica de métodos para controlar el celo y advertencias sobre efectos adversos. https://www.msdvetmanual.com/management-and-nutrition/management-of-reproduction-dogs-and-cats/manipulation-of-the-estrous-cycle-in-bitches-and-queens
“Etimología de ‘estro/estrus’” (Estrus — Etymology, Origin & Meaning). Online Etymology Dictionary (Douglas Harper). Diccionario etimológico online, s. f. Curiosidad lingüística útil para un recuadro cultural del artículo. https://www.etymonline.com/word/estrus